lunes, 24 de marzo de 2014

El derecho de admisión de los antros viola el principio constitucional de la no discriminación


                                                                                             Twitter: @marifersv94

"Vivir en cualquier parte
del mundo hoy 
y estar contra la igualdad
por motivo de raza o de color
es como vivir en Alaska
y estar contra la nieve."
- William Faulkner

La mayoría de los jóvenes del área metropolitana de Nuevo León frecuentan los antros los fines de semana y, algunos, incluso entre semana. Específicamente en San Pedro, los tres antros más populares son el República de San Pedro, el Pink Donkey y el Classico. Yo frecuentaba mucho esos tres durante mi preparatoria y algunas pocas veces desde que inicié la licenciatura, pues me aburrí. Sinceramente, nunca me ha pasado que no me dejen entrar a un antro; no obstante, me ha tocado presenciar la discriminación de los cadeneros del antro para con amigos míos, conocidos y desconocidos. El criterio, totalmente subjetivo, es que no te dejan entrar si eres “feo”, si eres de piel muy oscura, si eres homosexual, si tienes cortes de cabello extravagantes, si tu vestimenta no les parece buena, si le caes mal al cadenero o a algún RP (relaciones públicas), entre otras razones que desconozco. Claro que no a todos les pasa, pero a mucha gente sí.

Me siento muy indignada por la gente que sufre esta discriminación porque les afecta psicológicamente y emocionalmente y son injustamente juzgados con criterios muy estúpidos por gente que por ningún motivo tiene derecho a hacerlo. Los antros siempre se han escudado con el “derecho de admisión” que se reservan; empero, yo pregunto retóricamente: ¿realmente existe un derecho de admisión absoluto? La respuesta es sencilla: no. Es más que evidente que la selección de los antros es un acto de discriminación, lo cual va en contra de los derechos humanos reconocidos en tratados internacionales y en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”
- Constitución Política Federal, artículo 1, quinto párrafo.
Todas las personas son iguales ante la ley.  En consecuencia, tienen derecho, sin discriminación, a igual protección de la ley.”
Convención Americana de Derechos Humanos, artículo 24.
“Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.”
Declaración Universal de Derechos Humanos.
Además, en ninguna parte de la Constitución Mexicana ni de los tratados internacionales en materia de derechos humanos se establece el derecho de admisión. El órgano competente debe sancionar a todo aquél individuo o grupo de individuos que discriminen por cualquier razón a otro ser humano.

Por supuesto, existen casos en los que los establecimientos mercantiles pueden reservarse el derecho de admisión. La Secretaría de Derechos Humanos establece condiciones objetivas que justifican el negarle la admisión o la permanencia a un individuo en algún establecimiento y que no incurren en una violación a los derechos humanos. Son las siguientes:
a) Cuando las personas manifiesten actitudes violentas o agresivas. 
b) Cuando hayan consumido drogas o se encuentren en evidente estado de embriaguez, que pongan en peligro a terceros. 
c) Cuando porten armas u objetos que puedan poner en peligro la seguridad. 
d) Cuando porten símbolos racistas o que inciten a la violencia. 
e) Cuando la capacidad del lugar esté al máximo. 
f) Cuando se haya cumplido el horario límite de cierre. 
g) Cuando se trate de menores de 18 años de edad.
Si no se dan alguna de las anteriores condiciones, no hay razón alguna que pueda justificar este acto de discriminación. 

Es de sabiduría popular que los antros, indebidamente, dejan entrar a menores de edad, con o sin identificación falsa, que venden alcohol a menores de edad, que no tienen las debidas condiciones de seguridad, que no cumplen con la ley antitabaco y que incumplen con el horario máximo establecido. En pocas palabras, rompen con la mayoría de las normas. Pero todo esto es negado por los dueños y encubierto por las autoridades. El problema es cuando violan los derechos humanos de una persona. En lo particular, me molesta mucho que discriminen de esa manera tan cruel y humillante a las personas, pero me molesta mucho más cuando lo presencio con amigas o amigos cercanos. Me ha pasado unas 5 veces que no dejan entrar a una amiga o a un amigo en el República. Aunque son pocas veces las que menciono, muchos conocidos me han contado de sus malas experiencias particulares y de terceros. 

Lo más triste de todo es que la sociedad sigue promoviendo este tipo de actitudes al acudir sin falta todos los fines de semana al mismo lugar. Leí un artículo hace unas semanas titulado “No vayas a Cervecería de Main Entrance” de Mauricio Valdez. Me gustó mucho su artículo y me intrigó para investigar el tema en lo jurídico. Descubrí que el derecho de admisión, salvo los casos anteriormente enlistados, es inconstitucional, violatorio de los derechos humanos, denunciable y sancionable por la Procuraduría Federal del Consumidor.

Hace unos años, la PROFECO emitió un comunicado en el que estableció los “derechos en el antro” que tienen los consumidores que asistan a estos establecimientos. Las diez recomendaciones aplican para restaurantes, bares, discotecas y centros nocturnos y las cinco principales son las siguientes:
a) Ningún antro puede seleccionar a la gente, porque eso es discriminación. 
b) Los antros no pueden negarte una mesa a menos que compres una botella, porque eso es condicionamiento. 
c) Los precios deben estar a la vista o en la carta y los antros deben cumplir con las promociones que te ofrecen. 
d) No te pueden obligar a un consumo mínimo, porque eso es condicionamiento. 
e) No te pueden incluir en el servicio o exigirte propina, pues esta es voluntaria.

No pueden negar que, por supuesto, a todos los que han asistido a un antro les ha tocado que los obligan a cumplir alguna de estas condiciones, ya sea consumo mínimo, propina obligatoria o que no dejen entrar a un amigo o a una amiga, pues estos tres son los más comunes. No obstante, el tema aquí es el derecho de admisión. La PROFECO establece que si alguien presencia o sufre discriminación en algún antro debe denunciarlo al teléfono 01-800-468-8722 (lada sin costo).

Nunca antes he denunciado alguna de estas situaciones porque muy probablemente no va a proceder algún tipo de sanción contra los antros, pero ya no me puedo quedar callada. Es muy cruel y nefasta la actitud de los cadeneros y de los dueños de los antros al creerse con el derecho de discriminar al consumidor. Así sea el hombre más feo del mundo o el hombre más guapo del mundo el que está encargado de seleccionar quién entra y quién no, no tiene absolutamente ningún derecho para hacer sentir menos a alguien. Hoy precisamente denuncié al República de San Pedro (antro en Centrito Valle en el municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León) por discriminar a una amiga la semana antepasada. No sé cuál haya sido el criterio del cadenero, pero hay testigos de que mi amiga no presentaba actitudes violentas, no había consumido drogas, no estaba ebria, no portaba armas ni símbolos racistas, la capacidad del antro no estaba al máximo, no se había cumplido el horario de cierre, pues eran las 12 de la madrugada, y no era menor de edad. Mi amiga portaba identificación oficial y estaba sobria cuando ella (amiga A), otra amiga (amiga B) y yo nos acercamos al cadenero para decirle el nombre de nuestra reservación. El cadenero nos pidió nuestra identificación a mi amiga B y a mi para dejarnos entrar. Sacamos nuestra credencial del IFE y se la dimos al cadenero mientras yo le decía que no eramos dos, sino que eramos tres. El cadenero repitió una y otra vez que solo pasábamos nosotras dos, excluyendo a mi amiga A. Sin saber cuál fue el criterio del cadenero para no dejar entrar a mi amiga, al no cumplirse ninguna de las condiciones justificadas por la PROFECO, se vuelve evidente que fue un caso de discriminación. La funcionaria que tomó la denuncia permitió que se incluyera en la denuncia la anotación de que esto a sucedido múltiples veces en otras ocasiones. Me dieron un número de folio de la denuncia para marcar próximamente a preguntar el estado de esta. No pretendo que cierren el antro, pues no es el punto. Sino que le impongan una multa o que lo obliguen a no volver a hacer eso con las personas que asisten al mismo.

Repito, lo más triste de todo es que la sociedad sigue promoviendo este tipo de actitudes al acudir sin falta todos los fines de semana al mismo lugar a pesar de saber todo lo malo que hacen estos establecimientos. Precisamente este fin de semana estaba platicando con mi novio sobre los antros. Me dijo algo muy cierto: “Aunque la verdad me encante ir a los antros y sea súper antrero, no me gusta ser víctima de la mercadotecnia.” Y es verdad. A mi me gusta ir de vez en cuando y lo disfruto. Pero, si nos ponemos verdaderamente a pensar, vamos a un lugar sucio (¿han ido a un antro en la tarde en plena luz del día? ¡Está para vomitar!), sin salidas de emergencia viables, con condiciones de salubridad bajas, con riesgos de ser drogado por alguien que le pague al bartender o al mesero, a pagar cinco-diez veces lo que cuesta la botella con tal de estar en un antro que no sea “naco” y ser parte de la elite. Yo sé que mucha gente no va con esa mentalidad. Muchos, como yo, vamos para divertirnos. Sin embargo, es un hecho que como consumidores que pagamos cantidades altas para estar ahí, debemos exigir que se nos trate con respeto, no ser discriminados, ser atendidos correctamente y exigir que el establecimiento cumpla, por lo menos, con lo que establece la ley. Si no hacemos esto, estamos propiciando que los antros sigan con este tipo de actitudes nefastas. ¿Qué harías si fuera tu hermana, tu novia, o si fueras tú mismo? Te aseguro que no dirías “eso le pasa por feo/fea”, como he escuchado muchos comentarios de conocidos cuando se habla del tema. Es decir, ¿estamos dispuestos a cosificarnos con tal de pertenecer? La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha señalado en múltiples ocasiones que el reservarse el “derecho de admisión” es un acto de discriminación, que, por ende, es inconstitucional, dado que se hace una selección despótica “fundamentada” en criterios subjetivos que afecta la dignidad de una persona y viola sus derechos humanos; se ha establecido que este acto de discriminación es perfectamente denunciable y sancionable.

Quiero expresamente establecer que no es en lo absoluto algo personal en contra del antro República, ni de los demás; la verdad, el República es el antro que más me gusta. Tampoco se trata del caso en específico que relato en el presente. Se trata de concientizar a la sociedad de que todos hemos sido o podemos llegar a ser víctimas de esta conducta y que debemos exigir que se nos trate de modo digno, tanto a nosotros mismos como a los demás.

Por supuesto que con este artículo no va a cambiar nada en ningún antro y posiblemente la denuncia tampoco. Los antros seguirán discriminando siempre que sigan existiendo y la gente que asiste lo siga permitiendo; pero por lo menos, los que no sabían, pueden ahora defender sus “derechos en el antro” y denunciar si así lo consideran. Los invito a denunciar a todo aquél establecimiento mercantil que viole lo establecido por el comunicado de la PROFECO. Repito, posiblemente no proceda ningún tipo de sanción, pues los antros tienen más poder que los simples ciudadanos como tú y como yo; posiblemente no hay nada más que hacer. Si lo único que se puede hacer en estos casos es denunciar, ¡hagámoslo! Hay que cumplir con nuestro deber como buenos ciudadanos y con nuestros principios morales en solidaridad con el prójimo. Aunque no aplica directamente con el tema, la siguiente frase: “Si no hubiera desobediencia civil, los negros todavía se sentarían al final del autobús en los Estados Unidos” de Vicenç Navarro, aplica indirectamente, pues deja la enseñanza de que lo que es no necesariamente debe ser y que si descubrimos que lo que es no debe ser, tenemos la obligación de hacer lo posible para cambiarlo. No está bien que los antros cosifiquen al consumidor y lo discriminen; denunciemos y protestemos contra esta inaceptable conducta o, tácitamente, la estaríamos aprobando.








miércoles, 12 de marzo de 2014

La justicia: una virtud revolucionaria.


                                              “La misericordia y la verdad se encontraron;
                                                                La justicia y la paz se besaron.
                                                                La verdad brotará de la tierra,
                                                                y la justicia mirará desde los cielos.
                                                                Jehová dará también el bien,
                                                                y nuestra tierra dará su fruto.
                                                                La justicia irá delante de él,
                                                                y sus pasos nos pondrá por camino.
                                                                       La Biblia. Salmo 85:10-13

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Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi.” Es decir, la justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho. Los derechos son: "honeste vivere, alterun non laedere et suum quique tribuere." Es decir, vive honestamente, no hagas daño a nadie y da a cada uno lo suyo. Esta es una definición del concepto de justicia que hace Ulpiano, desde un punto de vista jusnaturalista, por supuesto. Una característica de los jusnaturalistas es que defendemos el objetivismo, en el sentido en que los conceptos como justicia, sabiduría, equidad, igualdad, entre otros, tienen una definición absoluta, no relativa, como sugieren los juspositivistas y formalistas. Mi punto de vista es que la justicia es absoluta, única, omnicomprensiva e indiscutible; no depende del punto de vista de cada individuo ni de sus experiencias o circunstancias de modo, tiempo y lugar. Suponer esto, como lo hacen varios filósofos del Derecho excepcionales, tales como Hans Kelsen, Alf Ross y Albert Bobbio, es caer en una falacia filosófica. Más adelante en este escrito explico por qué. 

Primero que nada quisiera establecer que la justicia es un concepto, aunque abstracto, absoluto. Generalmente, se distinguen dos acepciones de la palabra justicia. La primera define a la justicia como el criterio ideal del derecho natural, del derecho valioso, del derecho intrínsecamente válido. La segunda la define como la unidad comprensiva de todas las virtudes. Cabe notar que ambas acepciones no son distintas una de la otra; es decir, el criterio ideal que menciona la primera acepción es precisamente un criterio de virtud universal, el cual menciona la segunda. Son exactamente lo mismo, dicho de maneras distintas. La justicia es absoluta si se parte del principio de un derecho natural supraestatal. Aquella deriva de este, y este legitima a aquella. Suponer que lo que es justo es lo que establece el derecho es absurdo, puesto que se ha comprobado a lo largo de la historia que las normas jurídicas, en muchas ocasiones, son creadas para favorecer únicamente a una elite de la población. Incluso hay normas jurídicas que perjudican a la sociedad y no persiguen el bien común. El deber ser y el ser son muy distintos. Que el derecho deba de ser justo no significa que lo sea; la justicia no nace del derecho positivo, sino del natural. 

Es un hecho que la justicia es un concepto abstracto e indefinible, pues si la definiera la volvería injusta. No obstante, no significa que por ser abstracta sea relativa o subjetiva (que depende del sujeto). El hecho de que no se pueda definir un concepto no prueba que este concepto no existe. Verbigracia, tomo la palabra “conocimiento”. El conocimiento es un concepto que tiene un sinnúmero de definiciones, pues cada teórico la define de acuerdo a sus principios y experiencia; no obstante, por más que hayan millones de definiciones del conocimiento, es un hecho irrefutable que es un concepto absoluto. Por supuesto que la magnitud, la materia y la forma del conocimiento depende de cada individuo, pero al definir al concepto de conocimiento es obvio que es uno solo. Así sucede similarmente con la justicia. La justicia tiene un sinfín de definiciones y la perspectiva de ella cambia de acuerdo a cada individuo; pero la justicia es Una. Otro ejemplo, un tanto bobo, podría ser un camaleón. El camaleón tiene varias capas de piel, pero tiene una capa externa transparente en su epidermis, pero inmediatamente abajo de esta contiene pigmentos rojos y amarillos que se combinan con la luz azul reflejada por los guanóforos. En fin, sin entrar en biología animal, pues no sé más que lo básico, es de sabiduría popular que los camaleones (algunas especies) cambian de color, dependiendo de la temperatura, el clima y los factores psicológicos del animal. Por esta característica especial es por lo que es un ejemplo perfecto para el problema filosófico de la justicia. El camaleón tiene piel de color transparente con varios pigmentos bajo esta capa que cambian de color debido a factores internos y externos. La justicia también; esta tiene un color absoluto e irrefutable, pero, debido a factores del individuo que la observa y de la sociedad que lo rodea, es vista de distintos ámbitos dependiendo de este individuo. El hecho de que dos persones observen la justicia de maneras distintas, al aplicarla uno a su caso personal en relación con el otro (o bien, que dos personas observen el mismo camaleón, pero, debido a la luz, uno lo vea azul y el otro lo vea verde) no significa que la justicia no sea absoluta (o bien, no significa que el camaleón no sea transparente con pigmentos rojos y amarillos, aunque los que lo observan lo vean de distintos colores debido a factores extraños o conocidos).

En cuanto a los formalistas que defienden la concepción relativista y subjetivista de la justicia están Ross, Bobbio y Kelsen; sin embargo, se hablará únicamente de Hans Kelsen, pues los otros opinan igual que este y este explica mejor su teoría. El famosísimo Hans Kelsen, es un autor a quien admiro increíblemente por su extraordinaria habilidad de poder deslindarse de su hemisferio emocional para lograr ser objetivo en lo jurídico. Es un hecho que los seres humanos somos subjetivos por naturaleza; es imposible que un individuo sea en su ciento por ciento objetivo. No obstante, considero que Hans Kelsen se acerca mucho al objetivismo perfecto. Empero, no comparto la mayoría de sus postulados. Muchos son mayoritariamente aceptados como verdaderos y valiosos, pero, en lo personal, debido probablemente a que soy jusnaturalista, considero que su formalismo es tan extremo, que se convierte en radicalismo absurdo. En pocas palabras, Hans Kelsen tiene tres postulados:
         a) El Derecho y El Estado son exactamente lo mismo y las normas del derecho emanan la posterior de la anterior; de acuerdo a su libro “Teoría General del Derecho y del Estado.”
          b) La justicia es relativa y emana del Derecho (es decir, es justo lo que está en un orden jurídico positivo); de acuerdo a su ensayo o libro breve “¿Qué es justicia?”
          c) El Derecho solo puede ser definido y estudiado con factores, conceptos y aspectos puramente jurídicos (excluyendo los de índole filosófica, psicológica, sociológica, etc.); de acuerdo a su libro “Teoría Pura del Derecho”.

En relación a su primer y segundo postulados, se encuentra un error en su formalismo. De acuerdo a la lógica, el Estado y el Derecho no son la misma cosa. El Estado está sujeto a la legitimidad que le da el Derecho y el Derecho está sujeto a tener un ámbito territorial, personal y temporal de validez dentro de un Estado. Que estos dos conceptos sean hermanos, incluso podría decirse que gemelos, no significa que sean el mismo individuo. Una cosa es la norma y otra es la facultad o deber que imputa esa norma. Una cosa es el individuo y otra sus acciones. Una cosa son las reglas y otra los ámbitos temporales, territoriales y personales de validez que tienen esas reglas. Además, Kelsen establece que todas las normas emanan de una anterior en tiempo y jerarquía. Es decir, tomando el ejemplo del derecho mexicano, los reglamentos emanan de las leyes federales y las leyes federales emanan de la Constitución. Pero, ¿de dónde emana la Constitución, que es la Ley Magna y Suprema? Hans Kelsen contesta esta pregunta diciendo que la Ley Suprema emana de una norma hipotética fundamental. Aquí radica su falacia más importante. Se puede evidenciar una pizca de sal jusnaturalista que sazona su formalismo extremista. ¿Qué es la norma hipotética fundamental? Sencillo: el derecho natural. Pero, ¿no que el derecho natural era inexistente e innecesario? Interesante. Ahora bien, si la justicia es lo establecido en el derecho, si el derecho es lo mismo que el Estado y si este solo puede ser definido con conceptos puramente jurídicos, entonces, ¿la justicia, el derecho y el Estado son lo mismo? No lo creo.

La siguiente fábula, de Augusto Monterroso, escritor excepcional a quien admiro mucho, resalta una visión muy kelseniana de la justicia y del absolutismo desde un punto de vista de la política (a manera de crítica, por supuesto):

          El camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.
De esa época viene el dicho de que todo Camaleón es según el color del cristal con que se mira.”

Incluso el formalista más formalista de todos, cae en el supuesto de que existe un derecho natural del cual emana todo lo demás. Y partiendo del hecho de que este derecho natural existe y es absoluto, la justicia, que es la reunión de todas las virtudes del derecho natural, existe y es objetiva.

Un ser justo es un ser virtuoso y sabio, como me ha dicho varias veces la Lic. Marcela Elizabeth García en la clase de Derecho Romano, y para volvernos sabios todos los individuos que vivimos en sociedad tenemos que ser virtuosos, es decir, buscar el bien común. Ser justo es dar a cada quien en medida de sus facultades y exigir de cada cual en medida de sus posibilidades. 

La justicia es una virtud revolucionaria porque es una virtud que envuelve al amor, a la solidaridad, a la fraternidad y a la equidad, los cuales son principios revolucionarios y anarquistas. Sin caer en etiquetar de color rojo a la justicia, y sin importancia alguna de esta etiqueta, el ser humano, aunque egoísta, debe de aspirar a ser sabio, es decir, a ser justo. El fin común de los seres humanos es crear una sociedad que luche por el bien común y que se rija por este principio absoluto, objetivo, único y universal: la Justicia.