martes, 6 de junio de 2017

La legítima defensa en la legislación penal neoleonesa

  •  Publicado en versión resumida en Altavoz México: ver aquí.

La legítima defensa en la legislación penal neoleonesa


6 de junio de 2017
Por: María F. Santos Villarreal

El día 29 de mayo del presente año, se aprobó por unanimidad una reforma al Código Penal para el estado de Nuevo León (CPENL) en la que se modifica el artículo relativo a las justificantes de la comisión de delitos.

Los delitos, de acuerdo con la teoría pentatónica, son conductas típicas, antijurídicas, culpables y punibles. En otras palabras, un delito es una acción que encuadra en una disposición normativa de la legislación penal, que es contraria a Derecho, que es imputable a la persona que la cometió por haberse podido conducir en forma distinta en el caso concreto y, por último, que está sancionada penalmente por el Estado.

Tomando como base esta definición, las causas de justificación de los delitos son excluyentes del elemento de antijuridicidad, es decir, una justificante hace que la conducta típica, culpable y punible no sea antijurídica y, por lo tanto, al no reunir los cinco elementos, no puede ser considerada como delito. Se considera que las justificantes hacen que la conducta no sea antijurídica porque el sujeto no pudo conducirse en forma distinta (conforme a Derecho) en el caso concreto.

El numeral 17 del CPENL establece cuáles son causas de justificación, entre las cuales se encuentra la legítima defensa:
Artículo 17.- Son causas de justificación:
I.- Obrar en cumplimiento de un deber o en ejercicio de un derecho consignado en la ley;
II.- Contravenir lo dispuesto en una ley penal, dejando de hacer lo que manda, por un impedimiento (sic) legítimo;
iii.- Obrar el acusado en defensa de su persona, de su honor o de sus bienes, o de la persona, honor o bienes de otro, repeliendo una agresión actual, violenta, sin derecho, y de la cual resulte un peligro inminente, a no ser que se pruebe que intervino alguna de las circunstancias siguientes:
Primera: que el agredido provocó la agresión, dando causa inmediata y suficiente para ella.
Segunda: que previó la agresión y pudo fácilmente evitarla por otros medios legales.
Tercera: que no hubo necesidad racional del medio empleado en la defensa; y
Cuarta: que el daño que iba a causar el agresor, era fácilmente reparable después por medios legales o era notoriamente de poca importancia comparado con el que causó la defensa.
Se presumirá que concurren los requisitos de la legítima defensa, respecto de aquel que rechazare al agresor, en el momento mismo de estarse verificando el escalamiento o fractura de los cercados, paredes, o entrada de su casa o departamento habitado, o de sus dependencias, cualquiera que sea el daño causado al agresor.
Igual presunción favorecerá al que causare cualquier daño a un extraño a quien encontrare dentro de su hogar; en la casa en que se encuentra su familia, aun cuando no sea su hogar habitual; en un hogar ajeno que aquel tenga obligación de defender; en el local en que aquel tenga sus bienes, o donde se encuentren bienes ajenos que tenga obligación legal de defender, y el intruso ejerza violencia sobre las personas o sobre las cosas que en tales sitios se hallen. [1]

Ahora bien, en el artículo 20 del mismo ordenamiento, se establece como delito (culposo) el exceso en la legítima defensa y se le da una pena no menor a la sexta parte de la mínima ni mayor a la mitad de la máxima. No obstante, no se regula en qué consiste este delito, es decir, no se establecen los elementos constitutivos del mismo.

Para dar un poco de luz a esta falta de certeza sobre en qué consiste el delito de exceso en legítima defensa, vale la pena echarle un ojo al engrose de una sentencia de amparo directo que resolvió la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hace 60 años, en la que se establece que, conforme a la legislación mexicana, “se considera que hay exceso en la defensa y el mal que se causa, se convierte en delito de culpa, para los efectos de la penalidad aplicable: 1o. Cuando no hubo necesidad racional del medio empleado en la defensa; 2o. Cuando el daño que iba a causar el agresor era fácilmente reparable después por medios legales, o era notoriamente de poca importancia comparado con el que causó la defensa. Dicho exceso es grave o leve, y para calificarlo deberá tomarse en consideración, no sólo el hecho material, sino también el grado de agitación y de sobresalto del agredido; la hora, sitio y lugar de la agresión; la edad, sexo, constitución física y demás circunstancias del agresor y del agredido; el número de los que atacaron y de los que se defendieron, y las armas empleadas en el ataque y en la defensa”.[2]

Es claro, de conformidad con el artículo 17 del CPENL vigente, que la legítima defensa ya está reconocida, incluso con sus excepciones, por lo que no es cierto aquello que se ha repetido recientemente en diversos medios de que se acaba de reconocer la figura. Lo que sí es verdad es que acaba de aprobarse, como se mencionó anteriormente, una reforma a la legislación penal del estado que amplía este concepto. Sin embargo, la reforma aún no ha terminado todo el proceso legislativo: falta que el titular del Gobierno del estado la sancione y la promulgue, así como que el Director del Periódico Oficial del estado la publique; bien podría el Gobernador vetar la reforma y ahí quedó. Es importante aclarar que el hecho de que se haya aprobado por unanimidad en el Congreso no hace que la reforma ya sea derecho vigente.

Esta reforma aprobada comenzó su proceso legislativo el día 8 de noviembre de 2016, cuando el Diputado Local Marcos Mendoza Vázquez, integrante de la bancada del PAN, presentó la iniciativa con proyecto de decreto.

En la exposición de motivos[3] de esta iniciativa se detalló que los mismos radican en la creciente inseguridad que se vive en Nuevo León, principalmente respecto de robos y homicidios. Cabe citarse: “Lo más preocupante para los vecinos [del sur de Monterrey] y que seguramente es extensivo en todo el [e]stado, es que alguien irrumpa en su domicilio o negocio para cometer un delito y puedan sufrir lesiones, perder la libertad o aun peor, su vida o la de sus familiares y seres queridos[…]” ¡Pero claro! Y para eso está el Estado (con mayúscula): para dotar de seguridad a la ciudadanía. “[L]a preocupación no solo es por lo que acabo de mencionar si no por la impotencia y el miedo de no poder actuar como piensan es lo correcto[…]” ¿Y cómo es eso? “[…]para defender a su familia y sus vidas ya que en ese momento aun y cuando ellos piensan que actúan bajo el supuesto de legitima (sic) defensa muchos ciudadanos manifiestan desconocer las leyes, el alcance y consecuencias de las mismas en caso de defenderse contra el agresor y causarle alguna lesión[…]” ¿Entonces el problema no es la legislación como está, sino que la gente no la conoce?

La breve exposición de motivos continúa: “[L]a presunción de legítima defensa limita a ‘al que causare calquier (sic) daño’ sin mencionar ‘lesiones u homicidio’, esto quiere decir que si alguien irrumpe en tu hogar donde se encuentra tu familia y el intruso ejerce violencia sobre tu persona o las personas que se encuentren dentro del hogar y al defender a tu persona o a las personas le causes algún tipo de lesión leves o graves o inclusive pierda la vida accidentalmente por algún golpe en el forcejeo, no estas (sic) jurídicamente protegido por el presente artículo.”

La interpretación de la ley vigente que hace el legislador es imprecisa, ya que “cualquier daño” sí incluye lesiones, siempre y cuando sean proporcionales, por supuesto; lo de “homicidio” es debatible, ya que si el sujeto activo estaba intentando privar de la vida al sujeto pasivo (tentativa) y éste, tratando de proteger su vida, termina por privar de la suya al activo, podría argumentarse legítima defensa.

En este sentido, se considera que, con el texto vigente, no está “desprotegida” la ciudadanía ante la delincuencia; sí tiene la facultad de ejercer legítima defensa. El problema que indubitablemente tiene la legislación actual, es que no es clara o lo suficientemente exhaustiva o completa como para dar certeza jurídica a la ciudadanía en cuanto a hasta qué punto es legítima defensa y en qué momento se vuelve exceso de la misma. 

O sea, el tema es que la determinación de la legítima defensa, por falta de precisión en el texto normativo, termina siendo discrecional, es decir, queda al arbitrio de la autoridad juzgadora penal si la conducta típica, culpable y punible es antijurídica o no (o sea, si es en legítima defensa o no). Y más discrecional aún es la determinación de si hubo o no exceso en la misma, ya que, como se expuso en un párrafo anterior, el artículo que tipifica el exceso en la legítima defensa no establece los elementos constitutivos de este delito y, cabe precisarse, no hay jurisprudencia que aclare el dilema.

Pero, ¿exactamente en qué consiste la reforma?

Se modifica el artículo 17 del multicitado Código para adicionar una causa de justificación en la que se especifique que podrá causarse cualquier daño o lesión e incluso privarse de la vida a cualquier persona extraña que ingrese al hogar, entre otros supuestos, y esa persona intrusa represente un peligro inminente. En cuanto a las excepciones de la legítima defensa que ya están establecidas, se agrega que, en este caso, no habrá exceso en la misma aun y cuando pudo haberse previsto o evitado la agresión. Para mayor claridad respecto de los cambios aprobados, se presenta el siguiente cuadro comparativo del texto normativo:

Texto vigente
Texto con la reforma aprobada
Artículo 17 (CPENL).- Son causas de justificación:
I.- Obrar en cumplimiento de un deber o en ejercicio de un derecho consignado en la ley;
II.- contravenir lo dispuesto en una ley penal, dejando de hacer lo que manda, por un impedimiento (sic) legítimo;
III.- Obrar el acusado en defensa de su persona, de su honor o de sus bienes, o de la persona, honor o bienes de otro, repeliendo una agresión actual, violenta, sin derecho, y de la cual resulte un peligro inminente, a no ser que se pruebe que intervino alguna de las circunstancias siguientes:
Primera: que el agredido provocó la agresión, dando causa inmediata y suficiente para ella.
Segunda: que previó la agresión y pudo fácilmente evitarla por otros medios legales.
Tercera: que no hubo necesidad racional del medio empleado en la defensa; y
Cuarta: que el daño que iba a causar el agresor, era fácilmente reparable después por medios legales o era notoriamente de poca importancia comparado con el que causó la defensa.

Se presumirá que concurren los requisitos de la legítima defensa, respecto de aquel que rechazare al agresor, en el momento mismo de estarse verificando el escalamiento o fractura de los cercados, paredes, o entrada de su casa o departamento habitado, o de sus dependencias, cualquiera que sea el daño causado al agresor.

Igual presunción favorecerá al que causare cualquier daño a un extraño a quien encontrare dentro de su hogar; en la casa en que se encuentra su familia, aun cuando no sea su hogar habitual; en un hogar ajeno que aquel tenga obligación de defender; en el local en que aquel tenga sus bienes, o donde se encuentren bienes ajenos que tenga obligación legal de defender, y el intruso ejerza violencia sobre las personas o sobre las cosas que en tales sitios se hallen.
Artículo 17 (CPENL).- Son causas de justificación:
I.- Obrar en cumplimiento de un deber o en ejercicio de un derecho consignado en la ley;
II.- contravenir lo dispuesto en una ley penal, dejando de hacer lo que manda, por un impedimiento (sic) legítimo;
III.- Al que causare cualquier daño, lesiones y homicidio a un extraño a quien encontrare dentro de su hogar; en la casa en que se encuentra su familia, aun cuando no sea su hogar habitual; en un hogar ajeno que aquel tenga obligación de defender; en el local en que aquel tenga sus bienes, o donde se encuentren bienes ajenos que tenga la obligación legal de defender, y el intruso ejerza violencia sobre las personas o sobre las cosas que en tales sitios se hallen donde resulte un peligro inminente.
IV.- Obrar el acusado en defensa de su persona, y/o familia, de su honor o de sus bienes, o de la persona, honor o bienes de otro, repeliendo una agresión actual, violenta, sin derecho, y de la cual resulte un peligro inminente, a no ser que se pruebe que intervino alguna de las circunstancias siguientes:
Primera: que el agredido provocó la agresión, dando causa inmediata y suficiente para ella.
Segunda: que previó la agresión y pudo fácilmente evitarla por otros medios legales, con excepción de la fracción III de este artículo.
Tercera: que no hubo necesidad racional del medio empleado en la defensa; y
Cuarta: que el daño que iba a causar el agresor, era fácilmente reparable después por medios legales o era notoriamente de poca importancia comparado con el que causó la defensa.

Se presumirá que concurren los requisitos de la legítima defensa, respecto de aquel que rechazare al agresor, en el momento mismo de estarse verificando el escalamiento o fractura de los cercados, paredes, o entrada de su casa o departamento habitado, o de sus dependencias, cualquiera que sea el daño causado al agresor.

Igual presunción favorecerá al que causare cualquier daño a un extraño a quien encontrare dentro de su hogar; en la casa en que se encuentra su familia, aun cuando no sea su hogar habitual; en un hogar ajeno que aquel tenga obligación de defender; en el local en que aquel tenga sus bienes, o donde se encuentren bienes ajenos que tenga obligación legal de defender, y el intruso ejerza violencia sobre las personas o sobre las cosas que en tales sitios se hallen.

A simple vista, pareciera lógico –e incluso justo– dotar  a las víctimas de la delincuencia de la facultad de defenderse de su agresor(a); empero, si se analiza esta modificación legal a fondo, puede advertirse que se trata de una norma que, si bien tiene una ratio legítima, es peligrosa. ¿Por qué?
1.       Es deber del Estado (con mayúscula) garantizar seguridad pública. El Estado, que en este caso concreto se materializa en el Gobernador, el Congreso y el Poder Judicial del estado de Nuevo León, tiene el deber constitucional de garantizar seguridad a las personas ciudadanas neoleonesas, ya que, de lo contrario, estaría violando su derechos humanos e incumpliendo con el Contrato Social. Lo que hace esta reforma es trasladar esa atribución del Estado a los particulares, como si fuera su responsabilidad.
2.       Contribuye a la agenda de la ‘legalización’ de las armas de fuego. Un Senador, Jorge Luis Preciado Rodríguez, también perteneciente al PAN, ha militado a favor de la ‘legalización’ de las armas de fuego, inspirando su principal iniciativa (presentada en el Congreso de la Unión en octubre de 2016) en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América. Diversos políticos, en su mayoría panistas, apoyan esta intención de permitir la portación de armas de fuego por parte de toda persona mayor de edad, tanto en su domicilio, como en sus negocios y vehículos de transporte (¡!). La reforma al artículo 17 del CPENL parece abrir el camino para que el siguiente paso sea la permisión para portar armas de fuego, como pasa en nuestro vecino del norte (y que ha provocado una gravísima crisis de seguridad pública en dicho país).
3.       No se especifican los límites de esta legítima defensa. Si bien continuaría vigente el resto del artículo 17 y el artículo 20 en el que se habla del exceso de la legítima defensa, es evidente que el nuevo texto del artículo 17 dejaría tan amplio el concepto de legítima defensa que da a entender que no hay excepciones ni límites (sobre todo con la adición al tercer párrafo de la actual fracción III, que con la reforma sería una fracción IV). ¿Cómo es posible que pudiendo prevenir e incluso evitar la agresión sea condonado el homicidio? ¿No se trata de una licencia para matar? Además, en este mismo orden de ideas, cabe recalcarse: si no hay límites establecidos para ejercerla, ¿hasta qué punto es legítima defensa y en qué momento se vuelve exceso de la misma? ¿Quién lo determina? ¿Dejarlo enteramente al arbitrio de la autoridad jurisdiccional no es una evidente violación a la seguridad jurídica de la ciudadanía?

Es claro que la violencia que se vive en Nuevo León actualmente ha crecido en forma considerable y tiene a la gente tensa y temerosa. Pero también es claro que a quien le compete tener segura a su ciudadanía es al Estado, nunca a la propia ciudadanía (la Ley del Talión ya no existe).

Asimismo, resulta sospechoso que se haya aprobado esta reforma en fast track: sin mayor publicidad ni discusión y, además, por unanimidad. Cuando pasa algo así, vale la pena preguntarse: ¿quién está detrás? ¿Quién se está beneficiando de esta agenda? ¿La ciudadanía; el Estado? O tal vez ninguno de los dos, tal vez las que se benefician de ésto son las corporaciones que se dedican al comercio de armas de fuego y van a encargarse de ‘proteger’ a la ciudadanía de la inseguridad que azota a nuestro estado (las mismas corporaciones que han impulsado desde hace tiempo (aunque recientemente con más fuerza) las iniciativas para reformar nuestra Constitución Federal y nuestras leyes para que en México sea como es actualmente en Estados Unidos: que cualquier mayor de edad pueda comprar un arma de fuego en la tiendita de la esquina).

Las intenciones pueden ser buenas (aunque no hay nada que indique que lo sean), pero la reforma a nuestro Código Penal no está bien hecha; mientras no se delimiten las hipótesis y no se establezcan límites claros, no va a beneficiarse la ciudadanía. De la inseguridad jurídica nadie se beneficia.

Ojo: No pretendo que no exista la legítima defensa ni que no se reforme el texto vigente que, por cierto, también deja mucho qué desear. Simplemente me parece que una reforma legal de esta magnitud, es decir, con este nivel de trascendencia en la vida pública, debiera ser, por lo menos, más discutida en el Congreso y tomando en cuenta las opiniones de personas expertas en temas de seguridad pública.





[1] Código Penal para el estado de Nuevo León. (P.O. Marzo 26, 1990/ U.R. Mayo 5, 2017.)
[2] Sentencia del amparo directo 5431/54, resuelto en agosto de 1956 por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Para más referencias, también vale la pena revisar la resolución en el amparo directo 1632/79, resuelto en enero de 1980 por la Primera Sala.
[3] Expediente legislativo 10390/LXXIV (Congreso del estado de Nuevo León).


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Aviso: Todo lo escrito es a título personal. Lo expresado en este espacio es exclusiva responsabilidad de la autora y no representa de forma alguna el criterio de ninguna institución a la que pertenezca.

lunes, 3 de abril de 2017

#LaLibrePregunta: ¿Por qué decir lo que pienso?

  • Publicado originalmente en el blog "La Libre Pregunta" de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey: ver aquí.

¿Por qué decir lo que pienso?


9 de octubre de 2016
Por: María F. Santos Villarreal

Si no yo, ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo?[1]

Me he topado a lo largo de mi corta vida con muchas personas que evitan en la medida de lo posible externar sus consideraciones u opiniones sobre determinados temas que pueden considerarse controversiales por miedo al “qué dirán”.

La libertad de expresión es un derecho humano que todas las personas tenemos por el hecho de serlo[2], pero somos pocas las que lo ejercemos para expresar opiniones disidentes.

La gran mayoría de los espacios para expresar opiniones están tasados. Se les da espacio a las personas machistas, homofóbicas, racistas, capacitistas[3], clasistas y a personas en situación de privilegio para hablar sobre temas que afectan a las personas que no tienen dicho privilegio.

Por ello, vamos a toparnos (más de lo que nos gustaría) con personas que se escudan en la libertad de expresión para emitir opiniones discriminatorias y propagar discurso de odio. A esas personas hay que recordarles que la libertad de expresión no es ilimitada (como no lo es ninguna otra libertad).

¿Cuáles son los límites a nuestra libertad de expresión? Los derechos de otras personas.

Así como el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) y el artículo 6 de nuestra Constitución Política Federal (CPEUM) protegen el derecho humano a la libertad de expresión, los artículos 2 y 7 de la DUDH y el artículo 1 de la CPEUM protegen el derecho humano a la no discriminación por razones de orientación sexual, procedencia étnica, color de piel, género, religión, situación económica, situación migratoria, condiciones de discapacidad, etcétera.

Es nuestra tarea abogar por las personas en situación de vulnerabilidad si queremos una sociedad más incluyente. Ésta es la única forma en la que podemos usar nuestros privilegios para el bien.

Dado que los medios de comunicación masiva (tales como televisión, cine, prensa, etcétera), así como los lugares privados (tales como la academia, foros o páneles de discusión, diálogos en los salones de clases, etcétera), por default no dan espacio para expresarse a quienes buscamos contra-atacar al status quo, es indispensable alzar la voz cada vez que experimentemos comentarios que discriminan y agreden a otras personas. Hay que conquistar esos espacios.

Es importante decir lo que pensamos porque es importante alzar la voz por nosotras mismas y, en su caso, por las demás personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Al fin y al cabo, no es necesario ser la causa para defenderla.

Es cierto que hay que saber escoger nuestras batallas, pero también es cierto que guardar silencio ante una situación de discriminación también es violencia. “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, dijo Desmond Tutu.

Es cierto que las personas que señalan cuando alguien está siendo racista o machista, por ejemplo, suelen “caer gordas” e incomodar. Pero si Martin Luther King, Jr. o Betty Friedan se hubieran parado a pensar en si incomodaban o si le caían bien a la gente, ahorita Estados Unidos no tendría un presidente negro ni una candidata presidencial mujer.

¿Nacimos para “caerle bien” a la gente que forma parte del status quo? ¿O nacimos para generar un cambio positivo en el mundo?

Toda opinión disidente, y en general todo lo que desafíe al status quo, va a incomodar. Si a una persona le molesta la causa feminista, es porque es machista; si a una persona le molesta la causa #BlackLivesMatter, es porque es racista. Si no lo fuera, no le incomodaría un movimiento que busca igualdad de derechos para todas las personas.

Decir lo que pensamos es una forma de contra-atacar el sistema que continúa oprimiéndonos a las mujeres y a las personas negras, LGBTTTIQAP+, migrantes, con discapacidades y demás personas en situaciones de vulnerabilidad.

Decir lo que pensamos y defender la igualdad de derechos en todos los aspectos y de forma transversal construye una sociedad más incluyente, lo que se traduce en una sociedad más justa.

Si no somos parte de la solución, somos parte del problema. Por eso hay que decir lo que pensamos (y actuar en consecuencia).

Además, “si nos asiste la razón y el derecho”, como dice el Mtro. Óscar Barrera Garza, ¿por qué no decirlo?

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[1] Traducción al español de un dicho popular en inglés del que no se conoce la autoría original: “If not me, who? If not now, when?
[2] Artículo 19, Declaración Universal de los Derechos Humanos.
[3] Intento de adaptación al español del término en inglés ableist.

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sábado, 18 de marzo de 2017

#8M: ¿Para qué?

  • Publicación original en Altavoz México: ver aquí. 


Imagen vía: FeminismTalk.com


#8M: ¿Para qué?


14 de marzo de 2017
María F. Santos Villarreal
I. Pan y rosas

A mediados del siglo XIX, se vivía una época donde las mujeres se incorporaban a la producción, cada vez más. Entre roles y estereotipos, se abrieron paso al mundo laboral, dominado por los hombres.

Hace 160 años, el día 8 de marzo de 1857, 40 mil obreras huelguistas marcharon por las calles de la ciudad de Nueva York, hacia el parque Washington Square. Entre insultos y chiflidos, costureras de la compañía Lower East Side marcharon, protestando por las terribles condiciones de trabajo en las que las tenían sus patrones: salarios minúsculos, prestaciones nulas y jornadas de más de 12 horas. Las costureras de Lower East Side no iban a permitir que las pisotearan sólo por ser mujeres, ya que los hombres la tenían mucho mejor que ellas (los salarios de ellas eran entre un 60% y un 70% menor al de ellos[1]).

Al llegar a Washington Square, llamaron la atención de las costureras que se encontraban en la fábrica Cotton Textile, quienes, al igual que las de Lower East Side, eran abusadas laboralmente. Alrededor de 120 a 150 costureras de esta fábrica (no hay certeza sobre este dato numérico), quisieron declararse también en huelga y unirse a la marcha de sus compañeras. Al percatarse de la incitación en sus obreras, el dueño de Cotton Textile ordenó que cerraran las puertas de la fábrica, imposibilitándolas de asistir a la marcha y obligándolas a seguir produciendo.[2] 

A la fecha, no se sabe a ciencia cierta si lo que siguió fue por orden del dueño de Cotton Textile, pero hubo un incendio provocado en la fábrica que acabó con la vida de las costureras. Su delito, querer exigir igualdad. Su consecuencia, la pérdida de la vida de una de las formas más atroces: las quemaron vivas.[3]

Éste fue el primer antecedente del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que después se nombraría también como Día Internacional de la Mujer, nada más, por la Organización de las Naciones Unidas en 1975.

Pero no fue ni la primera ni la última vez en que las mujeres trabajadoras se organizaron para luchar por sus derechos. 51 años después, también en marzo, 15 mil costureras se movilizaron en la misma ciudad bajo la consigna “¡Pan y rosas!”, para exigir mejor paga, una jornada más humana y prestaciones sociales, así como el fin del trabajo infantil y el derecho al sufragio.[4]

La lucha de las mujeres nació de las obreras. Éstos son algunos antecedentes (por supuesto que no los primeros) del movimiento feminista.

II. Muchas gracias, pero…

Hace seis días se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Era de esperarse que el 8 de marzo iba a estar plagado de videos, columnas, artículos y mensajes de Whatsapp machistas, así como de valientes intentos de feministas por contestar a ese incansable intento del patriarcado por conquistar nuestros espacios.

Después del breve recuento histórico, queda claro por qué las feministas decimos que el Día de la Mujer es un día que se conmemora y no se celebra. Pero, ¿por qué pedimos que no nos feliciten?

Se agradece el gesto, pero muchas veces las personas desconocen la raíz de su felicitación. Que se nos festeje el hecho de “ser mujer” tiene varios problemas de fondo.

Primeramente, reproduce la idea de que sólo hay un tipo de mujer, lo cual es excluyente para las demás. Ésto es un problema análogo al que generó el Frente Na(z)ional por la Familia, que “defiende” (¿de quién?) un único tipo de familia, excluyendo a las que no encajan en ese modelo tradicional (y eso que las familias no tradicionales son, en conjunto, mayoría en México; pero ese es otro tema[5]). Generalmente, cuando pensamos en “mujer” pensamos en el arquetipo de la mujer tradicional[6], con estereotipos y roles de género. Por ello, lo mejor es hablar de “las mujeres”. Así, en plural.

En segundo lugar, la felicitación por ser madres, esposas, hermanas, hijas y novias continúa perpetuando la idea de las mujeres únicamente en función de su relación con hombres y no como seres independientes y autónomos. Este problema es preocupante, ya que se ha incursionado incluso en el pensamiento de los hombres progres que se autodenominan feministas, pero que no lo son:  “yo soy feminista, porque tengo madre/esposa/hija.” ¿Por qué son incorrectas este tipo de consignas? Porque reproducen la idea de que nosotras sólo merecemos respeto e igualdad de derechos porque funcionamos a un hombre. Ésto no tiene nada de feminista. No deben de luchar por los derechos de las mujeres y respetarnos porque somos sus hermanas o novias, hay que hacerlo porque también somos seres humanos.

Lo que me lleva al tercer punto: hay que luchar, no celebrar. Felicitarnos el 8 de marzo invisibiliza una fecha que conmemora un hecho político, volviéndola algo vacío. Un hombre feminista[7] no invisibiliza nuestro movimiento, sino que, en la medida de lo posible, cede sus espacios a éste, habla con los demás hombres sobre sus privilegios y llama la atención cuando uno de sus amigos dice algún comentario misógino. Un hombre feminista no felicita a las mujeres en “su día”, sino que se une al movimiento por la igualdad de derechos de todas las personas.

III. Feminismo(s): Ayer y hoy

A todo ésto, cabe preguntarse: ¿qué es el feminismo? En una definición básica y general del concepto, el feminismo es un movimiento heterogéneo que busca alcanzar la igualdad de género. Es heterogéneo porque hay muchos feminismos, muchas formas de analizar la opresión y luchar por la igualdad. Por ello es que, generalmente, hablamos de feminismos, en plural.

Pero todos los feminismos tienen (por lo menos) dos puntos en común: 1. existe un sistema patriarcal que ha vulnerabilizado y oprimido a las mujeres; y 2. tenemos que hacer algo para erradicar esa situación. Cabe citarse: “una de las pocas cosas en las que todos los feminismos coinciden es que se trata siempre de una teoría crítica. Una teoría que trata de pensar desde los márgenes, de buscar alternativas, de transformar una realidad social que nos enoja e indigna.”[8] Es a estos principios comunes a los que nos referimos cuando hablamos de feminismo, en singular.

El 8 de marzo abundó la doble moral de ciertos hombres: felicitaron a las mujeres, pero criticaron el feminismo (sin conocerlo, obvio). Muchas instituciones y medios de comunicación compartieron videos dándole difusión al movimiento feminista y conmemorando el Día de la Mujer. Los trolls no tardaron en aparecer. Repetían una y otra vez las mismas críticas: “las feministas de hoy son un chiste, no como las verdaderas feministas de antes”, “el feminismo ya no es necesario”, “las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres, o más”, etcétera.

Quiero desmentir estas tres típicas frases que dicen ciertos hombres para desacreditar el movimiento – y que únicamente prueban su desconocimiento en el tema.

¿A qué se refieren los trolls con “las feministas de antes”? Generalmente, la mayoría se refiere a las feministas de la Primera Ola (en la versión americana de la historia oficialista del feminismo, misma que es la equivalente a la Segunda Ola en la versión europea)[9], es decir, a las sufragistas. Las personas que dicen este tipo de cosas, piensan que las únicas pugnas válidas de las mujeres son las de los derechos civiles y políticos. Piensan que las mujeres que hoy pugnamos por la erradicación de la cultura de la violación[10] y por un feminismo más incluyente (interseccional[11]), peleamos contra algo que no existe y que ya no es necesario. Ésto resulta irreflexivo, pues que haya igualdad formal (a nivel constitucional) no significa que haya igualdad sustantiva.

Además, como todo movimiento ideológico y social, el feminismo ha evolucionado. Lo que comenzó como feminismo blanco, hoy ya no es aceptable entre las feministas por ser racista y trans-exclusivo. A base de prueba y error, las feministas hemos construido nuestro movimiento – por lo que, obviamente, (casi) nada se parecen el feminismo blanco y el feminismo interseccional, por ejemplo. Ésto no es un problema, sino todo lo contrario.

Ahora bien, la lucha desde y para las mujeres sigue teniendo vigor. Hoy, en México:
a.)   El 65% del trabajo total de las mujeres, se integra por labores no remuneradas en el hogar;[12]
b.)   La brecha salarial de género tardará por lo menos otros 156 años en cerrarse;[13]
c.)   81 de cada 100 víctimas de violencia sexual son mujeres;[14]
d.)   Sólo se consigna al 1% de los agresores sexuales (siendo que el 90.5% son hombres);[15]
e.)   El 93% de las mujeres víctimas de violencia de pareja no recibió ayuda médica o psicológica alguna;[16]
f.)    1.4 millones de mujeres sufren acoso sexual en el trabajo (ésto, sin contar la cifra negra de 99.7%);[17]
g.)   Sólo 11 mujeres han sido Ministras en toda la historia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación;[18]
h.)   Sólo 7 mujeres han sido Gobernadoras de entidades federativas – y una de ellas fue solamente por interinato;[19]
i.)    Hemos tenido 0 mujeres como Presidente de la República; y
j.)    Hay 7.2 feminicidios al día.[20]

Los datos no mienten: la violencia contra las mujeres no es cosa del siglo pasado, como los anti-feministas se empeñan en desinformar. La violencia de género, en sus múltiples facetas, se da aquí y ahora.

Nos queda mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad de género; aunque, incluso si ya la hubiéramos alcanzado, valdría la pena seguir luchando: hay que seguir luchando para no retroceder.

Hace aproximadamente un mes, el Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, despenalizó la violencia doméstica en su país (siempre que el agresor no reincida en un periodo de un año y no ocasione lesiones mayores a la víctima). Hace aproximadamente dos meses, Donald Trump, un (presunto) acosador serial, tomó protesta como Presidente de los Estados Unidos de América. Hace dos días, en Guatemala, murieron quemadas 39 niñas – y contando – en un albergue para víctimas de violencia doméstica, cuando protestaban por las agresiones sexuales en dicho lugar.  Estos acontecimientos son prueba de que cuando creemos que hemos conquistado una causa, es cuando más debemos de combatir para mantenerla. Por ello, nunca será absurdo hablar de feminismo.

Es por todo lo anterior que, en fechas como el 8 de marzo, las mujeres intentamos visibilizar las violencias diarias de la que somos víctimas.

El Día Internacional de la Mujer existe para conmemorar las luchas feministas – como la de las costureras de la fábrica Cotton Textile –, no para celebrar. El 8 de marzo es un día para recordar que aún no hemos alcanzado la igualdad y para inspirarnos a seguir peleando por ella.



[1] González, Elena. Historia del 8 de marzo: Día Internacional de la Mujer. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/blog-egonzalez-8m>.
[2] Ulloa Ziáurriz, Teresa. 8 de marzo: Un Día de Lucha por los Derechos de las Mujeres. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/8m-cimac>.
[3] Centro de Documentación del Inmujeres. Antecedentes del 8 de marzo de 1857. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/cedoc-inmujeres-08031857>.
[4] Ulloa Ziáurriz, Teresa. Op. cit.
[5] Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Boletín de prensa 038/2016: Pronunciamiento del Conapred sobre el matrimonio igualitario. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/conapred-0382016>.
[6] Guil Bozal, Ana. El papel de los arquetipos en los actuales estereotipos sobre la mujer. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/arquet-mujeres>.
[7] Soy una feminista que piensa que los hombres sí pueden ser feministas, pero reconozco que hay algunos feminismos que consideran que no pueden serlo, sino que únicamente pueden ser aliados. Esta última también es una postura válida. Para mí, un hombre feminista es un hombre que reflexiona sobre sus privilegios y busca renunciar a ellos, dándoles su espacio a las mujeres, reconociendo su movimiento y abogando por sus derechos. Sobre este tema, recomiendo leer este artículo: Utt, Jamie; McCrayer, Jenika. Can Men Be Feminists? And 9 Other FAQs We Often Get from Men. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/feminist-men>. Si les interesa un contenido más detallado, recomiendo leer Men and Feminism: Seal Studies, libro de Shira Tarrant.
[8] Flores Garrido, Natalia. Feminismos, en plural. Disponible en línea: <http://distintaslatitudes.net/feminismos-en-plural>.
[9] Para conocer más de la historia oficialista (europea) del feminismo, recomiendo leer el libro Feminismo para principiantes, de Nuria Varela.
[10] Aquí desarrollo un poco más este tema: <http://tinyurl.com/blog-msv-cdv>.
[11] Recomiendo leer este artículo: Uwujaren, Jarune; Utt, Jamie. Why Our Feminism Must Be Intersectional (And 3 Ways to Practice It). Disponible en línea: <http://tinyurl.com/intersecc-fem>.
[12] Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Mujer, 2016. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/est-8m-2016inegi>.
[13] Foro Económico Mundial. Informe Global de la Brecha Salarial de Género, 2016. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/genderpaygap-wef>.
[14] Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Primer Diagnóstico sobre la Atención de la Violencia Sexual en México, 2015. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/ceav2015-violenciasexual>.
[15] Ibídem.
[16] López Barajas, María de la Paz. Violencia contra las mujeres en México: tendencias actuales. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/VCM-mex-tendencias>.
[17] Ramírez, Gabriela. Reportaje especial: Víctimas de hostigamiento sexual a la deriva. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/acosolaboral-997>.
[18] Martínez Rivas, Julio. La historia de las mujeres en la Suprema Corte. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/mujeres-scjn>.
[19] Milenio Digital. Las gobernadoras que ha tenido México. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/gobernadoras-milenio>.
[20] ONU Mujeres. La violencia feminicida en méxico, aproximaciones y tendencias 1985-2014. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/onumujeres-2014>.
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